El verde de Cangas de Onis

Por fin nos habían abierto fronteras, y en el mejor momento, salió un viaje con los amigos a Cangas de Onís. Pudimos llevarnos a las perritas, el alojamiento y todos los restaurantes menos uno, admitían perros en la terraza.

Salimos el viernes después de comer de Madrid, por lo que pillamos algo de atasco y además nos llovió por la carretera. 

Llegamos a Cangas de Onis sobre las 21:00h. Fuimos a tomar una cerveza y al restaurante a cenar, Sidrería Llantares de Pelayo. Comimos entrantes y un cachopo para compartir además de vino y postres, calidad precio estaba muy bien. 

Al terminar nos fuimos a la casa. Habíamos cogido dos casas, en una de ellas iba la mayoría (Cuatrovistes) y en la otra (Casina Rural Buenavista) íbamos tres con las dos perritas. Esta segunda se trataba de una casita con dos habitaciones, un baño, salón y cocina, dentro de un jardín, en el que se encontraban el resto de apartamentos. La casa estaba rodeada de montañas, en pleno contacto con la naturaleza. 

Otra casa que estaba al lado de la nuestra y con buena pinta era El Llugar.

Al día siguiente, nos levantamos, desayunamos en casa y nos fuimos a hacer una pequeña ruta que nos habían recomendado que estaba en Cangas de Onis. La ruta se llamaba La Olla de San Vicente (5 km de ruta en total). La ruta es muy sencilla, el camino es prácticamente llano es su totalidad y vas en todo momento pegada al río. Al llegar está la olla entre las montañas. El color del río y de la olla es espectacular, totalmente celeste. 

Para comer, nos fuimos a Casa Milio, para mi gusto bastante lejos de donde estábamos, por lo que recomiendo comer por la zona. El restaurante estuvo muy bien, comimos demasiado, entrantes, arroces, ternera, postres, vino… de todo. Para mi gusto, el arroz de pollo no era tan espectacular, pero la carne si. 

Después de comer nos fuimos a Lastres, aparcamos abajo en el puerto y tomamos una cerveza en un bar que hay en la cuesta viendo el mar. Me encanta ese pueblo, tiene algo especial 🙂

Sorprendentemente, ya era la hora de la cena y nosotros no nos podíamos ni mover. Nos fuimos a cenar a Ribadesella, Restaurante Sidrería La Parrilla. Este restaurante no tiene terraza y no admitían perros. Pedimos todos pescado y estaba delicioso, además lo acompañamos con unas cuantas botellas de vino blanco. Nos salió bastante caro y yo creo que fue por ambos factores. 

Al día siguiente desayunamos en casa y como hacía un sol maravilloso, nos fuimos a la playa Gulpiyuri, la marea estaba muy baja y no se veía tan bien como otras veces. De ahí, nos fuimos al Chiringuito de Borizu, a tomarnos unas cervecitas al sol y una hamburguesa. La calidad precio está muy bien, se está agusto y las vistas son preciosas!

Habíamos tenido un finde increíble, de desconectar, de estar con los amigos y no pensar en nada más!

Si os gusta el norte, o os apetece un finde en la naturaleza, cerca del mar y en las montañas, es vuestro sitio perfecto 🙂

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